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Las lámparas
fluorescentes son un medio de proveer iluminación muy práctico y económico, y
utilizan una tecnología relativamente simple para proveernos de iluminación.
Para comprender
como funcionan estas lámparas fluorescentes, primero debemos saber un poco sobre la
luz.

Lámpara
portátil fluorescentes extensible, con mango de acero inoxidable.
La
luz está compuesta por fotones, una forma de energía que puede ser liberada
por un átomo. Un átomo está compuesto de un núcleo de protones y neutrones,
y por electrones que giran alrededor del núcleo. Cuando un átomo gana
energía, por ejemplo por medio del calor o la electricidad, los electrones
cambian de órbita y se alejan momentáneamente del núcleo. Casi inmediatamente
vuelve a su órbita normal, y la energía extra es liberada en la forma de un
fotón. El color de la luz que se produce depende del tipo de átomo que
recibió la energía.

Lámpara
portátil fluorescente con enchufe de mechero y pinzas.
Casi todas las
fuentes de luz artificial utilizan este principio. La diferencia entre las
lámparas fluorescentes y las lámparas incandescentes radica en la forma en que la
energía llega a los átomos. En las lámparas incandescentes se logra por medio del
calor, pero las lámparas fluorescentes utilizan otro método.
Una lámpara
fluorescente es un tubo de vidrio, cubierto en su interior por una sustancia
fosforescente. En el interior del tubo también hay un poco de mercurio y un gas
inerte, generalmente argón. En ambos extremos del tubo están los electrodos
con los que la lámpara se conecta a la red eléctrica.

En las
lámparas fluorescentes la electricidad fluye por el tubo.
Cuando se enciende
una lámpara fluorescente, la electricidad fluye por el tubo. El voltaje entre
los electrodos es considerable, así que hay muchos electrones trasladándose de
un extremo al otro. La energía resultante convierte un poco del mercurio de
líquido a gas. Algunos electrones colisionarán entonces con los átomos del
mercurio gaseoso, que ganarán energía y la liberarán, como ya hemos expuesto,
en forma de fotones.
Los átomos de
mercurio excitados producen luz ultravioleta, que nuestros ojos no pueden ver.
Sin embargo, entre nosotros y el mercurio gaseoso está la capa fosforescente
que cubre el interior del tubo. Cuando la luz ultravioleta encuentra este
recubrimiento excita sus átomos, que a su vez devuelven esta energía en forma
de más fotones. Una parte de esta energía se pierde en forma de calor, pero el
resto son fotones liberados como luz visible, generalmente blanca. El color de
la luz puede cambiar dependiendo del tipo de sustancia fosforescente que se
utilice en el recubrimiento interior del tubo.

Luces
fluorescentes de diferentes colores.
Las lámparas
incandescentes también producen luz ultravioleta, pero al no ser convertida en
luz visible se puede considerar que una gran parte de la energía que necesitan
para producir luz es malgastada. Por esto se considera que las lámparas
fluorescentes son seis veces más eficientes.
Sin embargo no es
fácil hacer que la electricidad pase a través de un gas. Para esto en el
interior del tubo debe haber electrones libres y también iones, o sea átomos
con un número de electrones diferentes al normal. Para introducir electrones e
iones en el tubo, muchas lámparas fluorescentes utilizan en los extremos un
mecanismo de inicio que genera un arco o flujo eléctrico entre electrodos
cercanos. Esta es la razón por la que, cuando se enciende un tubo, primero
vemos iluminarse sus extremos. Esto libera electrones e iones, que al esparcirse
dentro del tubo crean el ambiente necesario para establecer el flujo eléctrico
en el gas. El sistema está diseñado para interrumpirse cuando el flujo de
electricidad en el gas ya ha sido establecido.

Diferentes
modelos de lámparas fluorescentes.
Gracias a esto
podemos tener una buena iluminación que, al ser más eficiente, es también
más económica
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